Nuestra historia

El Gran Templo Paso es uno de los más hermosos de todo Sudamérica. En él se ubicó el primer Talmud Toráh (casa de estudios religiosos) de la Ciudad de Buenos Aires, fundado en 1894. Su imponente construcción, patrimonio histórico de la ciudad, fue erigida en 1929 y contempla lo más bello de la iconografía ashkenazí (Europea), de la cual eran originarios sus fundadores

1891: El Talmud Torah Horishono, el primer centro de estudios judaicos para niños de Buenos Aires, fue fundado por un grupo de inmigrantes judíos de Rusia – Organización “Poalei Tzedek” , que se constituyó en una escuela religiosa de tipo tradicional más tarde integrada al templo de la calle Paso bajo el nombre de Dr.Herzl

Allí se dictaban Materias generales en castellano, judaísmo en ídish: la única escuela sinagogal hasta 1906 con un modelo distinto del liberal de la CIRA y la educación en las colonias.

1927: Se fusiona el Talmud Torah Horishono con la Escuela Dr.Herzl: “Asociación Israelita de Beneficencia y Culto”, contando con 100 alumnos, sobre una base de 10000 almas en Buenos Aires.

El segundo Talmud Torah en Buenos Aires se constituyó en 1906,bajo  el nombre del recientemente fallecido Dr.Herzl.

A partir de entonces comenzaron a abrirse numerosas instituciones educativas a imagen y semejanza del Talmud Torah Horishono y del Dr. Herzl, en todos los barrios porteños y en el Gran Buenos Aires. Muchos se reinventaron, subsistieron transformados en escuelas integrales, en Villa Urquiza, Floresta Norte, Parque Chacabuco, Flores Sud, Ajiezer (Centro Hebreo Iona) Boca-Barracas, Bialik de Avellaneda,  Jerusalén de P.Patricios, Dr. Herzl de Floresta Norte, y Hertzlia

Ello fue posible gracias al apoyo  de los “Cursos Religiosos” bajo la dirección del Gran Rabino de la Congregación Israelita, Dr. Samuel Halphon.

1927: Ambas instituciones se unieron para formar la Asociación Israelita de Beneficencia y Culto bajo la presidencia de Boris Rotblat. Unos años después se había iniciado el proyecto para la construcción del Gran Templo en la calle Paso, cuyas obras se extendieron entre 1924 y 1929; en el subsuelo del nuevo edificio se instaló el flamante Talmud Torrah Horischono y Dr. Herzl. En la actualidad Hoy en dia ese espacio se recicló como una sinagoga y casa de estudios, un enorme salón de eventos sociales totalmente equipado.

La arquitectura del Gran Templo, no era la tradicional, cuadrada con la Mesa de Lectura de la Torá en el centro,  sino con una nave similar a los centros religiosos de esa época, considerando las ceremonias de bodas como una de sus fuentes de financiación, tal como otros similares, como el de la calle Libertad.

La década de 1920 fue una de las más importantes en la vida del templo y de la escuela. En Febrero de 1923 asumió la dirección religiosa el Rabino David Isaac Maler, llegado de Rusia un año antes.

Ocupo el cargo durante 26 años consecutivos, hasta su deceso en 1949, a la edad de 68 años. Fue un guía espiritual por excelencia. Fundó y organizó el Rabinato de la AMIA, y lo presidio hasta su fallecimiento. Le sucedió en el cargo el rabino Amram Blum, quien desde 1953 también fue rabino jefe de la AMIA.

El año 1927 marcó un hito en la historia de la institución. Además de la fusión del Talmud Toiro Harishono con el Talmud Torah Dr. Herzl, se promovió la primera etapa de las obras de la sinagoga con la asistencia del Presidente Marcelo T. de Alvear. La inauguración definitiva del templo tuvo lugar en 1929.

Uno de los principales donantes para esto y para escuela en el año1954 fue Boris Garfunkel, (Rusia 1866), llegado al país como colono de la J.C.A. en 1891 y, a la par de su creciente desarrollo industrial, activo colaborador de cuanta entidad benéfica existió en el país. Falleció en 1959 a los 93 años.

En 1945 la Congregación Israelita establece el Majon Lelimudei Haiahadut bajo la dirección del Rabino Dr. Jacob Fink. Esta institución educativa fue una de las más importantes que tuvo la Argentina para la formación de docentes judaicos

En 1954 el Majon y la Escuela Dr. Herzl firman un convenio para construir conjuntamente un nuevo edificio escolar, que les permitiera desarrollar sus actividades fuera del ámbito de sus respectivas sinagogas. Esta obra, concretada bajo la presidencia de Moisés Kaplan en el Templo de Paso y Max Mazar Barnett en el de Libertad, se estrenó en 1955. Con sus tres plantas fue un modelo de arquitectura edilicia escolar. Funcionaban en la escuela integral dos secciones de jardín de infantes, primaria, primaria judaica, comedor.

Entre las personalidades más prominentes, se destaca Don Moises Kaplan (1880-1973) fue colono en Entre Rios, Fue dirigente en AMIA y varias instituciones, presidió la Escuela y Templo Talmud Torah Dr. Herzl,

La apertura del nuevo edificio de la Escuela en Agosto de 1955, fue un acontecimiento memorable en la historia de la educación judeo-argentina

Entre los años 1960 y 1990 el Rabino del Templo Paso fue Mordejai Herbst, desarrollando la comunidad con criterio y sapiencia

Es por esa epoca que la actual configuración de la Comisión directiva, que cuenta como Presidente al Sr. Pedro Lazaro Buki, y al Vicepresediente, Sr. Edgardo Marcelo Hersztenkraut, lideró la comunidad.

Durante los año 2000, asumio el liderazgo el Rabino Ariel Korov Z´L, trágicamente fallecido en el año 2008, a raiz de un accidente de transito

Tras un fugaz interinato del Rab. Damian Karo, Asumió en el 2010 el liderazgo espiritual del Templo el Rab Yosi Baumgarten, quien lo ejerce en la actualidad.

Su Biografia se encuentra en la seccion, Preguntas al Rabino

Contexto socioreligioso -Corrientes religiosas en el judaísmo

Los judíos que inmigraron a Argentina a partir de mediados del siglo 19 desde Alemania y el ámbito europeo occidental lo hicieron como ciudadanos emancipados, asimilados a la cultura europea y profesantes de un judaísmo de carácter liberal. Quienes provenían de Europa Oriental y del Medio Oriente descubrieron la modernidad al arribar la Argentina, haciéndose acreedores a los derechos ciudadanos. Pero por primera vez se les presentó una escisión entre los términos del judaísmo como comunidad nacional y religiosa, términos que estaban hasta entonces simbióticamente unidos para ellos. La Emancipación y la versión judía del Iluminismo o Haskalá habían promovido el surgimiento de la Reforma en el judaísmo alemán desde principios de siglo 19. El reformismo renunció a parte de los preceptos como el reposo en Shabat y las normas alimentarias casher y modernizó el ritual sinagogal asemejándolo al del Protestantismo, con el uso del órgano y la prédica en la lengua del país. Los reformistas consideraban que lo único que los diferenciaba de sus conciudadanos cristianos era su religión, y que esta era de índole personal, de modo que pregonaban: “sé un judío en tu hogar y un hombre al salir”. Relativizando la concepción de un judaísmo centrado en la Tierra de Israel, el reformismo ha gozado de gran difusión en los Estados Unidos, país donde los judíos no se consideran en el exilio (Galut) sino parte de la dispersión (tfutzot).

Como reacción a estas tendencias de cambio, se institucionalizó una ortodoxia bajo el lema de que “lo nuevo está prohibido por la Torá.” Finalmente, y como una síntesis dialéctica entre reformismo y ortodoxia, surge el movimiento Conservador primero en Europa, para desarrollarse con vigor en los Estados Unidos. Esta corriente considera que la Halajá puede reinterpretarse a la luz de las circunstancias de cada época, admite el rezo conjunto de varones y mujeres, y la oración en las lenguas vernáculas como el inglés y el castellano.

En tanto, las comunidades sefaradíes y del Medio Oriente se mantenían en la línea tradicional sin los extremos de laxitud ni de rigorismo de los ashkenazíes.

El ámbito ortodoxo asumió tempranamente la actitud de imponer un control sobre “la gran confusión” que imperaba en la Argentina en la década de 1920 con respecto a las conversiones en relación al casamiento, y al status de los hijos de esas uniones. En dicho período de alta tasa de masculinidad en la inmigración, se reiteraba el caso de hombres ya casados en el país de origen que tomaban en la Argentina una nueva esposa no judía, haciéndole pasar por una conversión y una ceremonia nupcial. Esta situación de anomia se debía, según el rabino Shaúl Setton Dabbah (de la comunidad alepina) a que “la vida en esta ciudad (Buenos Aires) es excesivamente desenfrenada y cada cual hace lo que le place; no hay ninguna autoridad rabínica a la que se escuche y respete, ni rabino nombrado por el gobierno, ni rabino mantenido por la propia comunidad judía.” (Mirelman, 1988: 168-169). Fue entonces que Setton Dabbah proclamó que “no se ha de admitir conversos en la Argentina por siempre jamás…”. Esta interdicción expresaría el reconocimiento de que en el medio argentino faltaba un contexto normativo que otorgase sentido a las conversiones. La preponderancia secular en la judeidad local no daba lugar al control social y normativo de un ingreso a la misma por vía religiosa. Esta prohibición, que continúa siendo respetada por los sectores ortodoxos en Argentina, no es considerada por la corriente conservadora.

Otra marcación del límite fue la exclusión organizada por la comunidad judía contra los grupos de tratantes de mujeres, quienes habían montado una sinagoga propia donde realizaban bodas. En una confrontación que duró décadas y que sólo concluyó hacia 1930, los tratantes fueron radiados como tmeim o “impuros” y excluidos hasta del entierro en cementerios de la comunidad. Puede leerse al respecto Mirelman,V. “La comunidad judía contra el delito” Mirelman, 1988.

Hacia 1901 los casi ocho mil judíos de Buenos Aires se reunían para las grandes fiestas en veintitrés congregaciones religiosas que mantenían su diversidad de orígenes étnico-culturales y lingüísticos. Diecinueve de ellas eran ashkenazíes y cuatro -sefaradíes.

En los países de origen, cada comunidad contaba tradicionalmente con un rabino, un jazan o cantor litúrgico y un shojet o matarife. La sinagoga era tanto beit kneset o casa de asamblea (las comunidades judeo-sirias la denominan en árabe knis), como beit tfilá o casa de oración y beit midrash o casa de estudio –de ahí que en ídish se la denominara shil o shul (escuela)-.

Las jevrot o landsmanshaftn, que nucleaban a los inmigrantes según sus procedencias, formaban frecuentemente un minian y mantenían un talmud torá o escuela religiosa. Se organizaron asimismo sociedades de sepelios como la Jevre Kedische (o Jevrá Kedushá Aschkenazí) fundada en 1894, y cada comunidad sefaradí hizo lo propio.

Hacia 1894 templo de la calle Paso (inmigrantes del Imp.Ruso). Los judíos polacos abrirían sus propias casas de oración, y en la década de 1930 existían en Once un Póilisher Shil (o Sinagoga polaca), un Shnáider Shil (Sinagoga de los sastres) y el Galitziáner Shil (sinagoga Anshei Galitzia), que convocaba a los oriundos de esa región. Existía asimismo la sinagoga Anshei Polin (“Gente de Polonia”) en Avellaneda y después de la Segunda Guerra se abrió otra sinagoga polaca en Villa Crespo. Por su parte, los lituanos fundaron en el barrio de Once, el Lítvisher Shul (Sinagoga lituana) que cumplió un siglo de existencia. También fundaron sus sinagogas y escuelas nucleamientos afines a movimientos de la ortodoxia como Agudat Israel y posteriormente el neo-ortodoxo y sionista Mizrahi.

Comenzando por los pioneros judeo-marroquíes, cada comunidad sefaradí se fue dando su propia organización. En 1891 los marroquíes constituyeron la Asociación Israelita Latina. Su templo Bet El inaugurado en 1919 en la calle Piedras es la sinagoga más antigua actualmente en pie en Buenos Aires. Los oriundos de Damasco fundaron en 1920 Or Torá, una sinagoga de estilo levantino en el barrio de Barracas y los provenientes de Alepo, el templo Yesod Hadat en el barrio de Once en 1922. Los inmigrantes de habla judeo-española provenientes de Esmirna fundaron el Templo de la calle Camargo y los de la Isla de Rodas, el Templo Chalom en el barrio de Colegiales en 1920.

En tanto sectores de la colectividad se secularizaban, otros se retradicionalizaban. Este fue el caso de la comunidad sefaradí de origen alepino en la que se dio este giro a partir de la década de 1950, como reacción a la modernidad.

El perfil del judaísmo tradicional que vivió durante siglos entre las murallas del barrio judío de Alepo (Siria) estaba signado por el cumplimiento de los preceptos de la Halajá. Los alepinos que comenzaron a inmigrar a Buenos Aires a principios del siglo veinte mantuvieron su carácter tradicional, que hacía equivaler judaísmo a observancia religiosa. No obstante, el impacto del entorno comenzó a hacerse sentir en la comunidad: los procesos de movilidad que protagonizaron estos inmigrantes se acentuaron a fines de la década de 1940 gracias al período de pujanza económica que atravesaba entonces la Argentina, y tuvieron como correlato un paulatino abandono de la observancia religiosa. Hacia 1950, la comunidad alepina se encontraba en un momento de inflexión, evidenciando un alejamiento de sus pautas tradicionales. La integración en la sociedad mayor argentina -especialmente de su élite de industriales textiles- estuvo acompañada por procesos de secularización que implicaron un creciente abandono del receso sabático y de la cashrut. También se dejaba de lado la especificidad cultural judeo-siria al punto que entre 1947 y 1950 estuvo al frente de la Congregación un rabino ashkenazí como Amram Blum.

Fue en estas circunstancias que en 1953 se llamó de Siria al rabino Itzjak Chehebar, quien ostentaba el título de Jajam o “sabio”. El nuevo líder espiritual condujo a la comunidad a un retorno a las tradiciones a través de la resistencia a la influencia cultural del entorno, recreando normas religiosas y revalorizando el patrimonio cultural propio. Para ello el Jajam instó a su congregación a “volver en teshubá completa” a través de la observancia del Shabat, cashrut y los preceptos de “pureza familiar”.

Los seguidores del Jajam de Alepo se precian de “las muchas vallas que levantó y los límites que impuso” -que reforzaron la diferenciación de esta comunidad sefaradí.

Vientos de cambio en la posguerra: Con el Holocausto se extinguieron en Europa los centros de referencia que nutrían de identidad a las comunidades judeo-argentinas, a la par que surgían nuevos centros: el Estado Judío proclamado en 1948, y la mayor comunidad diaspórica -la de los Estados Unidos, desde donde corrientes religiosas de carácter transnacional como el Movimiento Conservador y Jabad Lubavitch, se afianzaron y se difundieron en todo el mundo judío.

En 1959, el rabino Schlesinger -que había afiliado la CIRA al Consejo Mundial de Sinagogas, del Movimiento Conservador- invitó al rabino norteamericano Marshall Meyer para dirigir los servicios religiosos para jóvenes en el Templo de Libertad. Al formular un primer diagnóstico de la realidad religiosa local, el rabino Meyer observaba que “la sinagoga como fuerza creadora de vida en la comunidad, no ha sido fructífera. Sábado tras sábado durante todo el año, la mayoría de las sinagogas del continente se encuentran vacías de juventud”. En cuanto a los rituales “no hay plegarias en español a pesar de que muy poca gente entiende el hebreo.” Señalaba asimismo la “enorme necesidad de un liderazgo espiritual’”, augurando que el judaísmo conservador podría contar “con gran atractivo en Sudamérica”. A instancias suyas se fundaron la comunidad Bet El en 1963 y el Seminario Rabínico Latinoamericano en 1964, introduciendo exitosamente el modelo sinagogal comunitario del Movimiento Conservador en la Argentina, con innovaciones en la liturgia y convocando a ashkenazíes y sefaradíes a la plegaria conjunta. Este movimiento proponía a los judíos argentinos reivindicar el respeto a sus derechos como ciudadanos en un marco de pluralismo cultural y religioso, y no como miembros de una minoría diaspórica extraterritorial.

A partir de  la década de 1970 más de la mitad de las sinagogas ortodoxas del país se transformaban en centros comunitarios conservadores en un proceso autónomo, motivado por la necesidad de aquellas de sobrevivir y atraer a la juventud.

A partir de esa década comenzaría también su actividad pública en la Argentina el movimiento jasídico Jabad Lubavitch, con vasta repercusión en su objetivo de motivar a los judíos a retornar a la práctica de los preceptos (jazará bitshuvá).

En Argentina, el grupo religioso ortodoxo de JaBaD Lubavitch tuvo sus

comienzos en 1977. El Rabino Dov Ber Baumgarten fue enviado a Buenos Aires por el Rebe Schneersohn con la misión de abrir la sede de JaBaD Lubavitch en Argentina.

El Gran Templo Paso, adhiere a la corriente moderna ortodoxa, que conjuga con autenticidad una fiel adherencia a la Halajá, ley Judia Raigal, junto a la apertura a la modernidad y la actualidad.